La calidad del agua en la provincia amazónica de Napo enfrenta un deterioro sostenido. Un estudio académico determinó que el 90% de las muestras recogidas en ríos y esteros de la zona presenta niveles de toxicidad vinculados a la actividad minera, en un contexto de crecimiento acelerado de esta actividad en la cuenca del río Napo.
La investigación fue realizada por expertos de la Universidad Regional Amazónica Ikiam, quienes concluyeron que la presencia de contaminantes no responde a episodios puntuales, sino a una exposición constante. Entre los metales detectados en concentraciones superiores a los límites permitidos para la vida acuática figuran cobre, hierro, plomo, aluminio y manganeso.
Uno de los hallazgos más relevantes es la ausencia de macroinvertebrados acuáticos en el 35% de los puntos evaluados. Estos organismos funcionan como bioindicadores de la salud de los ecosistemas hídricos, por lo que su desaparición refleja un impacto significativo en la biodiversidad y en el equilibrio ecológico de la Amazonía ecuatoriana.
El escenario coincide con el aumento de la actividad minera en la provincia. Datos del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), citados por Dialogue Earth, muestran que el área destinada a la minería creció de 2,6 hectáreas en 1996 a más de 550 hectáreas en 2020, lo que representa un incremento superior a 200 veces en 24 años. Gran parte de esta explotación es artesanal o semimecanizada.
Frente a este panorama, el Ministerio de Energía y Ambiente resolvió suspender la actividad minera en Napo, según informó GK a inicios de febrero de 2026. La medida busca frenar las afectaciones detectadas en la cuenca del río Napo, entre ellas la alteración del cauce y la presencia de metales pesados.
Sin embargo, antecedentes muestran que acciones similares no han logrado resultados definitivos. En 2022 fueron decomisadas cerca de 150 retroexcavadoras utilizadas en minería ilegal en sectores como Yutzupino, pero no se concretaron procesos de restauración ambiental ni sentencias judiciales firmes. Testimonios recogidos por GK señalan que la actividad se desplazó a otras zonas.
Las comunidades también reportan cambios visibles en su entorno. En localidades como Capirona y Ahuano, los habitantes indican que los ríos se tornaron turbios, disminuyó la presencia de peces y ya no pueden utilizar el agua para consumo o higiene, por lo que dependen del suministro mediante tanqueros.
Fuente: INFOBAE