Desde la Amazonía ecuatoriana hasta el centro de Cuenca, Luis Caicedo llega con productos de su finca para venderlos frente al hospital Vicente Corral Moscoso y reunir recursos que permitan continuar el tratamiento médico de su hija Anali Aitana, una bebé de 11 meses que enfrenta complejas condiciones de salud.
Cada racimo de plátano, cada piña y cada saco de yuca representan mucho más que productos agrícolas. Son el esfuerzo diario de Luis Caicedo, un agricultor de Tiwintza, en Morona Santiago, que transforma el trabajo de su tierra en una oportunidad para cuidar la vida de su hija.
Caicedo se instala junto al cerramiento del hospital Vicente Corral Moscoso, cerca del ingreso a consulta externa, el mismo lugar donde su hija recibe atención médica. Allí ofrece los productos que cultiva en su finca, con la esperanza de recaudar los recursos necesarios para cubrir los gastos de tratamientos, medicamentos y cuidados especiales.
Anali Aitana tiene síndrome de Down y, además, enfrenta afecciones cardíacas y neurológicas. Su condición la obliga a alimentarse mediante un botón gástrico, lo que incrementa de manera constante los costos médicos. Cada venta se convierte en un alivio para una familia que lucha día a día por la salud de la menor.
La bebé ya ha atravesado momentos críticos. Permanece internada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital Vicente Corral Moscoso y luego continúa su atención en el hospital de Méndez. Tras regresar a casa, una complicación respiratoria obliga a un nuevo ingreso hospitalario. Ahora, Anali tiene programada una próxima cita médica en Cuenca, lo que mantiene vigente la necesidad de apoyo económico.
Ante esta realidad, el colectivo de voluntarios Violín Rojo convoca a la solidaridad de la ciudadanía cuencana e invita a comprar los productos de Caicedo como una forma directa de ayudar a la pequeña Anali. Cada compra significa un respaldo concreto para su tratamiento.
El camino que recorre el agricultor no es sencillo. Para salir de su comunidad navega alrededor de tres horas en canoa y luego camina largos senderos hasta poder trasladarse a Cuenca. No es la primera vez que realiza este esfuerzo; ya lo hace en ocasiones anteriores, impulsado por el mismo objetivo: darle a su hija una oportunidad de seguir adelante.
Quienes desean sumarse a esta causa solidaria también pueden colaborar mediante la donación de leche de fórmula, un insumo esencial para la alimentación y el cuidado de la menor.