En un momento donde la crisis energética y los efectos de fenómenos climáticos como El Niño desafían la estabilidad de los países, 19 familias rurales del Valle de Intag, en el corazón del Chocó Andino, han puesto en marcha una solución disruptiva. Se trata de HidroAguagrún, un proyecto de generación hidroeléctrica comunitaria que no solo aporta energía a la red nacional, sino que financia directamente la protección de los bosques que regulan el ciclo hídrico de la región.
La iniciativa, presentada esta semana en el Climate Innovation Forum de Londres, destaca por transformar la conservación en un activo económico. A diferencia de los proyectos hidroeléctricos tradicionales, este modelo opera «a filo de agua» —sin represamientos y con mínima alteración del entorno—, aprovechando la presión hidráulica natural para generar electricidad bajo un diseño de bajo impacto.
Un modelo de transición energética justa
Lo que diferencia a HidroAguagrún es su esquema de propiedad y gobernanza. En este proyecto, la comunidad no es un actor pasivo: la Asociación Río Aguagrún, junto a aliados estratégicos, mantiene el 90% de la propiedad del activo.
Sostenibilidad financiera: La minicentral de 300 kW, con una inversión cercana a los 500.000 USD, proyecta una tasa interna de retorno del 19,5%.
Fondo de conservación: El 50% de las utilidades de la energía generada se destina a un fondo para la restauración de bosques y el monitoreo de las más de 21 microcuencas hídricas que abastecen la zona.
Escalabilidad: Una parte de los ingresos se reinvertirá en un fondo rotativo para financiar nuevas centrales comunitarias, convirtiendo el proyecto en un motor de desarrollo replicable.
Innovación técnica desde el territorio
Lo que comenzó hace años como un piloto comunitario de 3 kilovatios, hoy avanza con pasos firmes: la obra de captación ya está concluida al 100%, la instalación de tubería registra un 40% de avance y la casa de máquinas se encuentra en fase inicial de construcción.
“El verdadero hito es que cambiamos la lógica de cómo se financia la conservación. HidroAguagrún demuestra que la transición energética justa puede ser rentable, escalable y replicable”, destaca Carolina Proaño-Castro, Directora Ejecutiva de Fundación Futuro, organización clave en el impulso técnico y financiero de esta propuesta.
Además de generar energía limpia certificada mediante estándares internacionales (i-RECs), el proyecto consolida una visión donde el bosque nublado y los páramos dejan de ser vistos como recursos extractivos y pasan a gestionarse como infraestructuras naturales vitales para la resiliencia climática del país.